Texto Curatorial: Animalsonancia
Artes Visuales | Texto especializado por Marcos Palomeque · 19.10.2026
“No me mires así, no me aborrezcas tanto. Qué culpa tengo de ser quien soy. No me recuerdes con tu desprecio. Mi inferioridad irremediable. No fue mi voluntad pertenecer a una caterva inferiror.”
José Emilio Pacheco
En El animal que luego estoy si(gui)endo, el filosofo postestructuralista Jaques Derrida, expresa la incomodidad que siente al encontrarse desnudo ante la mirada de un gato:
A menudo me pregunto, para ver, quién soy: y quién soy en el momento en que, sorprendido desnudo, en silencio, por la mirada de un animal, por ejemplo, los ojos de un gato, tengo dificultad, sí, dificultad en superar una incomodidad (Derrida, 2008).
Ante dicha eventualidad, Derrida acuña el término “animalsonancia”, para describir esta singular experiencia sobre lo malsonante[1]que resulta encontrarse “en cueros” ante la mirada insistente, benevolente, sin piedad, sorprendida de un animal.
“Es como si yo sintiera vergüenza, entonces desnundo delante de un gato, pero también sintiera vergüenza de tener vergüenza […] ¿Vergüenza de qué y ante quién?”
¿Qué podemos interpretar sobre esta situación que vive el autor y que probablemente hemos experimentado todos alguna vez? Que “animalsonancia” es un esfuerzo que busca explicar el eco que la mirada animal ejerce sobre la conciencia humana, es decir, la manera en la que la mirada de un gato hace que nos encontremos conscientes sobre nuestra propia vulnerabilidad.
En este pensamiento se aloja una forma de pensar la finitud y “animalsonacia” es un término que expresa la forma en la que los animales pueden perturbar nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, y de cómo esta preturbación puede germinar una reflexión sobre nuestra propia condición humana.
Cuando me enfrenté a los seres antropomórficos que habitan la obra de Carlos Juárez me sentí así, vulnerable, aludido, juzgado, sin comprender de inmediato que aquella emocion era un eco de mí conciencia y no el objetivo de la producción artística de Carlos.
Las escenas obscuras, complejas, saturadas, pero sin dejar de manifestar una atmósfera desolada me transportaron a los paisajes de Luvina de Juan Rulfo, a la poesía de César Vallejo y también a las descripciones cifradas en clave animal hace Mario Vargas Llosa sobre sus personajes en la Ciudad y los Perros.
La obra de Carlos Juárez espira literatura y no es casual que previo a estudiar Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, Juárez, primero hubiese cursado un año en la licenciatura de Lenguas y Literaturas Hispánicas. Sus encuentros con la literatura tienen una influencia directa en su producción gráfica y esque ambas disciplinas exigen un esfuerzo de interpretación de la realidad que encuentra el climax de su afán intelectual en el trabajo manual, por un lado la escritura y por otro el dibujo sobre la placa.
Pero más allá del simple ejercicio manual de su labor, la inclinación de Carlos al tener presente el mundo animal como algo relativo de lo humano, es común de la narrativa ficcional literaria y adquiere una fuerza especial en el campo de la poesía. En México, José Emilio Pacheco ha explorado el campo de la “zoopoética” a través de diferentes textos que ahora se encuentran compilados en el Nuevo álbum de zoología, ilustrado, por cierto, por Francisco Toledo. Lo común en estos poemas y en los grabados que reune esta exposición es el descubrimiento y la denuncia de temas sociales, ecológicos, culturales y también humanos que aquejan al autor.
Pienso en el grabado, y más esapecificamente en la obra de Carlos de la misma forma en la que José Gorostiza pensaba la substancia poética, semejante a la luz, “que revela matices sorprendentes en todo cuanto baña”. Ni la poesía ni el grabado son escenciales a la forma ni al color, así como la luz no los es a las cosas que ilumina, pero en cuanto toca la obra de arte se advierte la “sobretanural transparencia que les infunde”.
Animalsonancia, es una invitación a dos cosas. La primera, y con seguridad la menos pretenciosa, a conocer la obra de un artista joven, emergente que narra e investiga distintas escencias — la vida, el sueño, el amor, la muerte— con la simple ocasión de ser. La segunda, poco más ambiciosa que la primera, es la de enfrentarte a los ojos de las criaturas que habitan la obra de Carlos y reconocer aquellas incomodidades que tienen que ver más contigo que con la obra del autor.
[1] Dicho especialmente de una expresión o de una palabra: Que ofende al pudor, al buen gusto o a la religiosidad.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional